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Los vagos

Antiguo modo de viajar por el Quindío
 (Banco de La República)
Por: Jaime Lopera Gutíerrez. Presidente de la Academia de Historia del Quindío. Armenia (Quindío), julio de 2014

Una quindiana, de La Tebaida para más señas, incursiona en los senderos de la historia desde hace varios años y ahora trabaja para el Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura en Bogotá donde cumple la tarea de editora de esta revista que, en 2012, llegaba a su volumen 39.  Natalia Botero Jaramillo es tan joven que uno no se la imagina ocupada de rastrear el pasado, sino más bien en oficios menos exigentes que volver la mirada a lo que los seres humanos hicimos en un tiempo. No obstante, la peculiaridad de su enorme y productivo esfuerzo de investigación consiste en entender mejor que otros los atajos de la historia, nacional o regional, como parte, suponemos nosotros, de una identidad necesaria y recuperable.

Su prolijo ensayo, El problema de los excluidos: las leyes contra la vagancia en Colombia durante las décadas de 1820 a 1840, es un documento que abre muchas perspectivas para nuestros investigadores locales. Así como nos hemos olvidado de rastrear la influencia de la fundación de Anaime, Tolima, en los desarrollos de la colonización del Quindío --porque solo hasta hace poco empiezan a revelarse los grandes flujos migratorios que llegaron desde Antioquia hasta el Tolima occidental--, así también pasaba desapercibida una gran parte de esos flujos errantes que se componían de vagos y mendigos arrastrados hacia estos confines por las exigencias de la ley.

Las numerosas guerras civiles, desde la Independencia en adelante, fueron dejando ingentes masas de soldados errabundos que no podían ser incorporadas a los ejércitos republicanos por la escasez de recursos presupuestales. De esta manera aparecieron dos tipos de exsoldados andarines que no cabían en ninguna parte como los vagos y los mendigos; los unos fueron clasificados como marginados y excluidos y los otros como pobres e indigentes, todos a una bajo el reciente concepto de desafiliación social. A los vagos se les tenía en mejor concepto que a los mendigos porque podían ser utilizados en trabajos como la construcción y mantenimiento de vías en la Colombia republicana. Pero si había resistencia para dejarse ubicar, porque arriba se tenía la idea de que deberían ser “sujetos útiles”, y los sujetos no aceptaban esta categoría, era muy posible que el primer castigo a recibir fuera la suspensión de la ciudadanía.

Como la Republica se la definía como virtuosa y los vagos eran la antítesis de ese criterio, las autoridades los llenaban de oprobio por semejante condición. El primer acercamiento a la calidad de errabundos había sido hecho por Santander en 1926 cuando definió a los vagos (página 51) como gentes marginales que no tienen “ni oficio, ni beneficio, hacienda o renta”. Este fue el antecedente del decreto expedido el 3 de marzo de 1843 en el cual, entre otras cosas, se dispuso que “el concierto de los vagos debía tener como destino el trabajo en el Camino del Quindío” (página 60). Un poco más adelante la Gobernación del Estado del Cauca ordenaba a sus funcionarios del norte cumplir con las raciones de reos y de vagos que “se encuentran trabajando en el Quindío” de tal modo que siempre fuesen atendidos apropiadamente mientras fueran parte de esos trabajos de sostenimiento.


Una reseña de este excelente ensayo de la doctora Botero Jaramillo daría para largo. Lo deseable es destacar que su aporte a los estudios sobre la colonización radica en registrar que aquella decisión sobre los vagos en el siglo XIX fuera en su momento vista como “una válvula de seguridad para disminuir los conflictos sociales”, en opinión de C. LeGrand (1988), uno de los muchos autores citados por la escritora en el marco de su estudio en torno a una normatividad sobre una vagancia que además fue utilizada para ensanchar las fronteras en la adjudicación de tierras y la conservación de los caminos. En lo que al Quindío concierne este trabajo merece más difusión para que nuevos investigadores añadan testimonios diferentes al mosaico de aventuras y afanes que dieron motivo a esta etapa de la vida quindiana.

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