19 de marzo de 2017

Otras piezas “Quimbaya” de los tesoros colombianos en el exterior y en el interior del país

Las noticias permanentes sobre el llamado Tesoro de los Quimbayas, sobre todo las últimas, referentes a lo definido por la Corte Constitucional, nos colocan en el plano de conocimiento de unas piezas de orfebrería que no pertenecieron a sociedades relacionadas con el grupo histórico Quimbaya, sino que obedecen a un contexto regional que hoy simplemente llamamos como el Período Temprano (500 A.C.-600 D.C.).

El nombre que se asignó al Tesoro de los Quimbayas en 1891, en la fecha de su descubrimiento, no fue únicamente el de la tribu histórica conocida y divulgada por historiadores que ya la mencionaban a finales del siglo XIX, como Vicente y Ernesto Restrepo, a la sazón dos de los que participaron en la compra y en la entrega de dicho lote de piezas a España en 1892. También fue denominada esa colección como el “Tesoro de Calarcá” o, como aparece en el catálogo de exhibición, la Colección Finlandia, aludiendo a Filandia (Quindío), el municipio donde se hizo la guaquería.

De Tacurumbí a Cuturrumbí, entre historia y sonoridad.

Una estatua singular se levanta en el parque principal del municipio de Montenegro.  No es el busto de un prócer; no es la imagen del Libertador; no es el recuerdo del héroe local o regional.  Es una figura que se convirtió en monumento, como pocas veces se ve en el ambiente de plazas municipales, donde siempre lo erigido se refiere a la oficialidad de un personaje o al arte.  Este es diferente porque rinde homenaje a la cultura prehispánica.  En el Quindío sólo otro parque, el de Los Aborígenes en Armenia, se le asemeja en condición, al colocar allí un busto que representa el “retablo” de los indígenas que habitaron esta región hace más de 500 años.

Se le conoce como el Cacique Cuturrumbí, aunque el nombre correcto es Tacurumbí.  Su autor es el artista boyacense César Gustavo García. Esta mención está relacionada con la etnohistoria de la época en la región Quimbaya después de 1540, cuando Jorge Robledo hizo contacto.

19 de febrero de 2017

El Quindío histórico y topográfico soñado por don Alfonso Valencia Zapata

De izquierda a derecha los periodistas Carlos Silva y
Jairo Olaya Terán, seguido de Alfonso Valencia Zapata
La figura activa pequeña y bonachona de don Alfonso Valencia Zapata, el historiador sencillo del Quindío, todavía ronda en mi  mente cuando lo encontraba muy acucioso en algún municipio, en búsqueda constante de información de primera fuente – o en pesquisa bibliográfica – sobre la vida cotidiana, historia y vida de personajes de este departamento.

Un “ermitaño de la cultura” es el calificativo de este gran señor quien se preocupó por el registro de las facetas del Quindío, para plasmar en sus obras gran parte de la vida regional.  Sin pensarlo, don Alfonso pasará a la fama por tres aspectos de la historiografía y la escritura: su obra clásica e icónica titulada Quindío histórico.  La constante compilación de anécdotas.  La curiosa y asidua tarea de registrar escritos populares y furtivos en su agradable obra de dos sencillos minitomos titulada Los típicos letreros de las tiendas, fondas y sanitarios.


14 de febrero de 2017

Incidente con el Obispo de Armenia cuando la creación de la AHQ

Alberto Gómez Mejía (izq) y Obispo Libardo Ramírez Gómez (der)

Luego de casi 37 años, Alberto Gómez Mejía[1] recuerda un hecho inédito que sucedió el 23 de mayo de 1980, con motivo de la creación de la Academia de Historia del Quindío, suceso que protagonizó el entonces Obispo de la Diócesis de Armenia, Libardo Ramírez Gómez, quién se molestó por algunas referencias históricas hechas por Jesús Arango Cano, Presidente de la naciente Academia, en su ponencia “Tres estampas indígenas”, que en algunos de sus apartes se ocupaba del papel de la Iglesia Católica en tiempos de la conquista española con la conversión de los aborígenes americanos al cristianismo, enojo que expresó por escrito el prelado a Gómez Mejía en carta fechada el 19 de julio de 1980.

EPÍTOME DEL INCIDENTE CON LA JERARQUÍA CATÓLICA CON OCASIÓN DE LA CREACIÓN DE LA ACADEMIA DE HISTORIA DEL QUINDÍO

Por Alberto Gómez Mejía, de manera impersonal

Después de casi cinco siglos de haberse iniciado la conquista de los españoles en América –y el subsiguiente genocidio contra la población indígena perpetrado por ellos-, así como la afiliación de los aborígenes al Cristianismo, la sesión inaugural de la Academia de Historia del Quindío sirvió para generar una polémica entre el Obispo católico de la Diócesis de Armenia y algunos de los académicos que estaban creando aquella organización, polémica relacionada precisamente con aquellos lejanos acontecimientos.

Se crea la academia

Un grupo de intelectuales quindianos acordaron constituir al comienzo del decenio de los ochenta la Academia de Historia del Quindío, con el fin principal de estimular los estudios históricos en la región. El grupo lo integraban, entre otros, Jesús Arango Cano, Jaime Lopera Gutiérrez, Diego Moreno Jaramillo, Alberto Gómez Mejía, Gabriel Echeverri González, Bernardo Ramírez Granada y Alfonso Valencia Zapata. La sesión inaugural se efectuó el 23 de mayo de 1980 y a ella asistieron, además de los académicos, el gobernador de entonces, Volney Toro, el comandante de la Octava Brigada, el secretario de la Academia Colombiana de Historia, Camilo Riaño, y el Obispo de Armenia, Monseñor Libardo Ramírez.

13 de febrero de 2017

El Cementerio Libre de Circasia

Dentro de poco llegaremos a los 85 años del Cementerio Libre de Circasia[1], uno de los mausoleos más característicos de los quindianos y una muestra de los ideales libertarios que se asentaron en esa ciudad, fundada con el nombre de La Plancha en 1884. El monumento fue inaugurado el 9 de octubre de 1933 bajo los auspicios de Braulio Botero Londoño, su promotor, como símbolo de la defensa a la libertad, la tolerancia y el amor.

La iniciativa había surgido varios años antes, cuando el colonizador Segundo Henao, fundador de Calarcá y Génova, creó el primer cementerio libre en aquella ciudad del sur del departamento a principios del siglo XX, ejemplo que se dispersó luego en Calarcá y Montenegro. La ascendencia radical de Henao, y su cercanía a los Enciclopédicos franceses, en especial a Voltaire, originaron este movimiento librepensador que se reveló después con la instauración de logias masónicas en esta región, estimuladas por Antonio José “Ñito” Restrepo desde Ginebra, Suiza, y a las cuales se vincularon colombianos ilustres como Diógenes Arrieta, Enrique Londoño, Miguel Botero (padre de Braulio) y el Indio Uribe, principalmente.

Arqueología, guacales y museos: A propósito del Museo de Historia


La universidad del Quindío tiene en custodia 1496 piezas arqueológicas de las regiones del Cauca Medio, Nariño, Tumaco y Calima.

Hace unos meses, los medios de comunicación nacionales informaron sobre la devolución a Colombia de 691 elementos arqueológicos que fueron decomisados en España durante un operativo policial. Las piezas, que estaban en manos de un ciudadano colombiano acusado de narcotráfico en el país ibérico, fueron entregadas a representantes de la cancillería y del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (Icanh), quienes se encargaron de su traslado al país.

Valoración y apropiación.
La entrega de este material fue celebrado por el gobierno nacional como una muestra de colaboración entre los dos países en la protección del patrimonio cultural y en nuestro departamento sirvió de aliciente para avivar un debate que desde hace años inició la Academia de Historia del Quindío, y que además de pretender el retorno al país del (mal) llamado Tesoro de los Quimbayas, intenta generar una actitud de valoración y apropiación ciudadana e institucional de los elementos que conforman el patrimonio arqueológico departamental. Desde esta perspectiva, la del debate y la inquietud sobre el destino que corren los cientos de objetos arqueológicos quindianos que a diario ven la luz, LA CRÓNICA se ha pronunciado en repetidas ocasiones: el hallazgo de un conjunto de tumbas en Filandia, el avance en las acciones jurídicas relativas a la repatriación del (insisto, mal llamado) Tesoro de los Quimbayas y hace pocos días, del retorno de las 691 piezas de marras que servirían como pie para crear el Museo de Historia del Quindío. Sobre este último hecho, dice el editorial del 6 de septiembre que a la falta de interés por parte de las entidades administrativas frente al tema se suma la poca gestión de la universidad del Quindío, quien tiene en custodia “piezas arqueológicas de las Culturas Quimbaya Clásica y Tardía…que reposan en guacales en no se sabe dónde”.

8 de febrero de 2017

Carta de la Academia Hispanoamericana de Letras y Ciencias a la AHQ por libro de Jorge Eliécer Orozco D.

Periodista y escritor Jorge Elíécer Orozco Dávila
Carta enviada por Horacio Gómez Aristizábal, Presidente de la Academia Hispanoamericana de Letras y Ciencias, a Jaime Lopera Gutiérrez, Presidente de la Academia de Historia del Quindío, con motivo de la presentación del libro del periodista y escritor quindiano Jorge Eliécer Orozco Dávila, titulado “Quindío apuntes para su historia política” con prólogo de César Hoyos Salazar, ex alcalde de Armenia y ex presidente del Consejo de Estado.

La presentación del libro se hará en acto programado para el 9 de febrero de 2017 en el auditorio de la Cámara de Comercio de Armenia y del Quindío. 

31 de enero de 2017

Corte Constitucional estudia ponencia que pide repatriar el tesoro Quimbaya


Noticia publicada por Noticias Caracol, 31 de enero de 2017

Las 122 piezas de oro fueron regaladas a la Corona española por el presidente Carlos Holguín Mallarino en 1892. La próxima semana habría un pronunciamiento al respecto por parte del alto tribunal.


La Corte Constitucional estudia una ponencia del magistrado Alberto Rojas que promete levantar roncha internacional: pide repatriar cuanto antes el tesoro Quimbaya que en el siglo XIX le regaló a España el presidente Carlos Holguín Mallarino.

El historiador Jaime Lopera sueña con ese retorno.

“Nosotros creemos que si el fallo lo facilita el presidente Juan Manuel Santos, con el togado de un premio Nobel encima, puede ir directamente a hablar con el rey Felipe a España y pedirle que haga la devolución al territorio colombiano de un patrimonio artístico que nos pertenece no solo a los quindianos sino a todos los colombianos”, dice Jaime Lopera, presidente de la Academia de Historia del Quindío.


22 de enero de 2017

Sotanas en la colonización quindiana

Padre Remigio Antionio Cañarte y Figueroa
En todos estos años hemos visto crecer los documentos e investigaciones sobre los orígenes de nuestra comarca, pero aún estamos buscando nuevos aportes que complementen esa tarea que nos hemos propuesto. Por ejemplo, varias personas se han ocupado ya del papel de la Iglesia en los procesos de colonización que se iniciaron en Antioquia y culminaron en el norte del Valle a principios del siglo veinte.

Quisiera mencionar solamente dos ejemplos. No fueron laicos, sino dos sacerdotes quienes dedicaron mucho tiempo al estudio de los documentos históricos que precedieron la fundación de ciudades, como es el caso del agustino P. Fabo[1] y del presbítero Guillermo Duque Botero[2] quienes escribieron con profusión de detalles la historia de Manizales y Salamina, respectivamente. Ninguno de los historiadores actuales puede hacer a un lado los notables aportes de estos dos sacerdotes al hablar de esas dos poblaciones, si quiere entender bien los sucesos de la colonización y la fundación de estas dos ciudades hermanas.    

Carlos Botero Herrera: Personaje quindiano

Para hablar de Carlos Botero Herrera tengo que retroceder medio siglo en la historia del Quindío. Lo conocí en 1969, cuando me establecí en Armenia. Carlos era gerente de la Nacional de Seguros y además sobresalía en otras actividades: compositor, cantante, poeta, periodista, líder cultural y cívico. Cabe aplicar el refrán: “De músico, poeta y loco, todos tenemos un poco”.

Nació en Samaná (Caldas), y desde muy joven se residenció en Medellín, donde cursó los estudios primarios y de bachillerato. Luego se trasladó a Armenia, donde ha permanecido por el resto de su vida.

En la capital antioqueña, como lo cuenta con la sencillez y la simpatía que le son características, se inició como mensajero del bufete de Fernando Mora, donde tuvo oportunidad de conocer y hacerse estimar de figuras eminentes del país, como Diego Luis Córdoba, Belisario Betancur, Gustavo Vasco, el “tuso” Luis Navarro Ospina, Gil Miller Puyo y el poeta Rafael Ortiz González. En Medellín comenzó a escalar posiciones en el campo laboral.   

Los Andes del Quindío

Imagen aportada por Norbert Pudzich, Cónsul alemán
 en el departamento de Quindío, del cuadro L
os Andes
 del Quindio del pintor alemán Albert Berg (1825-84)
El paso del Quindío fue vía obligatoria para los conquistadores, exploradores, aventureros y artistas que entraron por el mar Caribe o Venezuela y se dirigían a la costa Pacífica y Suramérica.  Asimismo en el siglo XIX fue el camino de acceso del científico prusiano Alexander von Humboldt (1769-1859) y su equipo para continuar el camino hacia el sur.  La travesía por el Quindío fue documentada por Humboldt, pintores europeos y otros viajeros en cartas, diarios y bocetos de la flora y la fauna de la región andina.

El recorrido del Humboldt entre 1799 y 1804 por territorios que hoy comprenden Venezuela, Colombia, Perú, México y Cuba, y su contribución al estudio de la naturaleza tropical hacen parte de una serie de exposiciones y conferencias organizadas en Nueva York y otras ciudades alemanas para resaltar su aporte y la influencia en el mundo científico y artístico del siglo XIX en Europa y las Américas.  Como resultado del trabajo en coordinación entre museos, instituciones educativas y privadas de los Estados Unidos Y Alemania, la Sociedad de las Américas con sede en Nueva York organizó la exposición Unidad de la naturaleza:  Alexander von Humboldt y las Américas.

El nombre de los Andes del Quindío en vez de Cordillera Central


Tal vez desde mediados de la centuria de 1.700, la hoy impropiamente llamada “Cordillera Central” se denominaba “Andes de Quindío”, “Montañas de Quindío” y “Sierra Nevada del Quindío”, nombres que fueron utilizados en los textos de los viajeros que cruzaron estas tierras, durante los siglos XVIII y XIX.

La primera referencia que encontramos sobre el nombre “Quindío” para denominar la cordillera aparece en el Diccionario histórico-geográfico de la América Meridional del sacerdote jesuita Giandomenico Coleti, publicado originalmente en Venecia en 1771, en el que aparece este texto: “Quindío (Chindii Montes): montañas altas y quebradas en la Provincia de Popayán, que deben atravesarse para ir a Anserma y otros lugares. El camino es impracticable en el invierno, y aún en el verano es difícil y peligroso. El clima es muy frío”.

También José María Espinosa, en 1813, se refiere a la “Montaña de Quindío”. Charles Saffray describe la región con estas palabras: “Altas montañas cuyo conjunto se designa con el nombre de Quindío”. En la nota necrológica que Francisco José de Caldas publicó en 1808 en el Semanario del Nuevo Reyno de Granada, a raíz de la muerte de José Celestino Mutis, dijo que, para sus operaciones de investigación, el científico se había asentado en la localidad de Mariquita, “situada esta ciudad al pie de los Andes de Quindío”.