4 de julio de 2014

Medio siglo para La Secreta, la Estación y otras cosas


En economía se entiende el costo de oportunidad como aquel en que se incurre al tomar una decisión y no otra, concepto que recoge el valor o beneficio que se sacrifica por elegir una alternativa A y despreciar una alternativa B.

Es por esto que quiero reflexionar sobre las obras propuestas y no realizadas o que se hacen años después, las cuales al final terminan siendo más costosas, no solo por su inversión si no por los beneficios que se dejaron de percibir al no haberlas hecho en su debido momento.

Y es que esto es con lo que uno se topa al leer “Armenia: su historia y geografía”, monografía publicada en 1961 por el Colegio San José, en la su autor, el Hermano Marista Alejo I. Moreno, describe la Armenia de hace 53 años y expone algunas líneas de desarrollo que denominó “perspectivas de futuro” en alusión al “Plan Piloto de Armenia” trazado por la firma de ingenieros Habitar de Medellín, gracias al cual, dice el texto, la ciudad ha superado las primeras dificultades en su desarrollo urbanístico y “fija las posibilidades de expansión, los ejes de circulación, las zonas residenciales y sus categorías, los sitios de recreo y las zonas industriales y de trabajo”.

El documento consideró como eje principal de la ciudad la carrera 19 “desde su empalme con la avenida El Edén (Tres Esquinas) hasta su futuro empalme con la carretera a Pereira.” De igual forma contempló la carrera 14 que empataría al norte con la avenida Bolívar y una vía que seguiría “la dirección del río Quindío, en su límite con el municipio de Calarcá, y tangente al centro urbano (vía entre La María y Balboa). Esta futura vía arteria será el desahogo para el tránsito pesado que pasa por la ciudad como punto obligado del tránsito entre Bogotá y Cali.”

Además propuso que en la vía Armenia - Calarcá se construyera un viaducto junto al Hospital de San Juan de Dios por la calle 21, que a la postre sería el puente de La Florida.
 
Panorámica de la estación del ferrocarril de Armenia
en las década del cuarenta.
En cuanto a sitos de recreación y zonas verdes, el Plan Regulador proyectó el parque de Los Fundadores, así como el del “ Mirador hacia el río Quindío, sobre la carrera 18 (La Secreta); un gran parque central en el sito que actualmente ocupa La Estación, Talleres y Bodegas del Ferrocarril, cuya ubicación ya se fijó en un sitio inmediato a la futura Zona Industrial; el replanteamiento de El Bosque; el parque de recreo a inmediaciones del aeropuerto El Edén y varios sitios semejantes.”
 
Panorámica actual de la antigua estación del ferrocarril lugar
donde se proyectó en 1961 un parque central.
Pero los años pasaron y nunca construimos la vía paralela al río Quindío entre La María y Balboa. Medio siglo después seguimos hablando del parque de La Secreta donde yace entre la maleza una piscina de olas inconclusa, del anhelado Centro Cultural Metropolitano en la antigua estación del ferrocarril, del parque de recreación infantil del aeropuerto que de a poco agoniza, del parque El Bosque sumido en la inseguridad y el abandono, y de una verdadera zona industrial que nunca tuvimos.


En fin, como decían los abuelos cuando las cosas no se hacían: “El tiempo perdido lo cobra Dios.”

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