Calarcá y la tierra


Los colonos del siglo XIX fundaron la población como mecanismo de defensa de la tierra.

La fundación de Calarcá el 29 de junio de 1886 fue un acto político, económico y social y no el azar de un grupo de personas que tomaron la decisión por el prurito de agruparse para hacer vida en común. Sobre ellos, los fundadores, pesaron enormemente las nuevas circunstancias políticas del país, que veía morir la República Liberal, el Olimpo Radical que naciera con la Constitución Política de 1863 en la famosa Constituyente de Rionegro, y el surgimiento de un nuevo modelo, un régimen conservador adoptado por la Constitución de 1886.

Solo un mes y cinco días después de la fundación de Calarcá los constituyentes de todos los Estados Soberanos adoptarían la nueva Carta Magna.

El tema económico era mucho más preocupante. Por lo menos 15 años atrás, la región de Calarcá tenía colonos regados por todas partes, venidos de Salento y de otras poblaciones cercanas como Pereira, Santa Rosa, Manizales y, por supuesto, de Antioquia. Aún no habían hecho presencia los tolimenses y cundiboyacenses que ocuparon parte de estas tierras al filo del siglo XIX y en las dos primeras décadas del XX. 

El surgimiento en 1884 de la compañía terrateniente Burila, que empezó a reclamar esos terrenos de la montaña de Calarcá, alertó a los colonos, que vieron en la fundación de pueblos una alternativa para, desde la institucionalidad, luchar por sus fundos. Era muy importante para los colonos asegurar su predio que habían conquistado y que todos pensaban que eran baldíos de la nación. Una lucha que empezó en el mismo momento de la fundación y que solo se dirimió en 1933 cuando un juez les dio la razón a los colonos y el Estado les otorgó, a la gran mayoría, oficialmente, su pedazo de tierra.

En principio, los fundadores reclamaron las 12.000 hectáreas de tierra que el gobierno nacional entregaba a los nuevos pueblos, para repartirla entre quienes llegaron a estos lugares. Les fue negada. Más tarde, en 1903, se les da la gracia de las 12.000 hectáreas. Y como si fuera poco, el litigio político surgido con la creación de nuevos departamentos a la luz de un acto legislativo que reformó la Constitución en 1905, provoca una ‘rabieta’ entre los políticos del departamento del Cauca, quienes, a manera de revancha, le otorgan al municipio de Calarcá, creado en 1904, la no despreciable suma de 70.000 hectáreas para que fuera repartidas entre los colonos. De hecho ya estaban en manos de muchos, pero había que legalizarlas. Ahí vino el mayor conflicto con la Burila, que provocó rebeliones, peleas, asonadas, muertos, heridos y muchas demandas judiciales.

El tema social en la fundación también fue muy importante, porque con la creación del pueblo era posible trabajar en común, hacer un mercado, crear sitios de diversión, enlazar las familias con el matrimonio y hacer vida social. 

Hay que recordar a los fundadores, que fueron muchos pero que solo aquellos elegidos como miembros de la junta pobladora, se destacan: Segundo Henao, Pedro María Osorio, Jesús María Buitrago, Baltasar González, Luis Tabares, Francisco Velásquez y el entomólogo Román María Valencia, un amante y conocedor de los insectos, pero especialmente de las mariposas, como ninguno otro de los colonizadores del Quindío.
Aquellas historia fabuladas de la llegada de los colonos al Quindío en busca de caucho, como nos lo dijo James Parson, o de oro de tumbas indígenas y oro de aluvión, hay que empezar a revaluarlas, pues lo que nos dicen los archivos reales, no los cuentos, es que aquí hubo una gesta inmensa para ampliar la frontera agrícola de Antioquia, Tolima y Cauca, que lanzó a miles y miles en busca de un pedazo de tierra.

Hoy es el penúltimo día de celebración de los 128 años de fundación de Calarcá. Ojalá que las festividades sigan siendo parte de la alegría de un pueblo, con música, bailes, desfiles, reinas, pero que no olvidemos la historia, la real, porque es con los hechos del pasado con lo que se construyó el presente. Y hay que saberlo.

Editorial del Diario La Crónica del Quindío. 29 de junio de 2014

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