14 de abril de 2014

Paso de los aguadeños

Por: Álvaro Hernando Camargo Bonilla. Miembro de la Academia de Historia del Quindío.

Sobre el viejo camino que de la “Plancha”, hoy Circasia, conducía a Filandia, hoy se encuentran agraciados y maravillosos parajes cafeteros colocadas en los altozanos y laderas del cañón del río Roble, quebradas Cajones, la Coca y Portachuelo; riachuelos que adornan el ambiente con sus cascadas y raudales de límpidas aguas que discurren por entre frondosos relictos de selva húmeda andina, donde anida una delicada diversidad de árboles, aves y pequeños mamíferos.

Paso “arriero” y de a pie, que remataba en una fonda caminera conocida con nombre: “Los Aguadeños”, dispuesta en el cruce de caminos de la Española, en los limites tripartitas de Filandia, Quimbaya y Montenegro; donde actualmente se ubica una estación de gasoducto que va para Quimbaya, en la vereda el Vigilante del Municipio de Filandia. A la par, conducía a otra fonda, denominada: “Paraguay”, situada a la orilla del camino que llevaba a Montenegro. El nombre de “Aguadeños”, se debe a que los primeros dueños fueron unos colonos que llegaron de Aguadas.

 
Histórico paso del río Roble que se franqueaba por un hermosísimo y antiguo puente de herradura, también denominado: puente de los “Aguadeños”. Puente construido con vigas de barcinos, robles y laureles y techado con astillas de las maderas citadas; por donde vadeaban arrieros y viandantes con sus recuas, organizadas por doce a quince animales que transportaban productos y avituallamientos para proveer los mercados de las localidades recién fundadas;  también viajaban a mercar, a tomar trago. El puente de los “Aguadeños” que existe hoy, está construido en concreto y se sitúa aguas abajo del antiguo puente de arriería.

En el entorno de este maravilloso paso histórico, se relatan mitos y leyendas  que refieren la existencia de tesoros derivados de guacas indígenas y entierros de valiosos tesoros. La ficción alude  la existencia un inestimable entierro situado en el peñasco que limita en el margen derecho del antiguo paso, inmediato al río, narra el cuento, que todos los Viernes Santos se abre un portillo en la peña, en el que se despliega un fulgor dorado como el color del oro, que disfrutan los ávidos y  ambiciosos guaqueros a vagabundear por el lugar en busca del tesoro contenido en la gran peñón. Hasta ahora han sido infructuosas las búsquedas del entierro,   pues, se trata de una sepultura “encantada” de los aborígenes Quimbaya, por tanto no se ha encontrado, por que cambia de espacio en cada intentona de exploración.

El referido entorno traslapa otras representaciones del patrimonio histórico Quindiano: “La Pilastra”, “La casa museo Cipriano Echeverri”, el “Cementerio Libre, La fonda “Barcelona Alta”, en la vereda del mismo nombre, la “Guaca de Fachadas”, la “Trampa del Tigre” y la legendaria fonda “Granada”; todos ellos, se han ido borrando del imaginario de las nuevas generaciones de Quindianos,  con la complacencia y complicidad institucional, por no darles  el sitial correspondiente en la historia local, o lo que los nuevos gurús históricos denominan: “microhistoria”.

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