María Eastman y el historiador Jaime Jaramillo

María Eastman, 1921.Fotógrafo:
Melitón Rodríguez.BPP Foto tomada de
 Tragaluz Editores 
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El pasado 25 de octubre (2015) falleció en la ciudad de Bogotá, el notable  historiador y humanista Jaime Jaramillo Uribe, acontecimiento que por supuesto generará  los  más plausibles comentarios de sus biógrafos en la reseña de su vida y  acontecer profesional. Un capítulo episódico  que data de los primeros  años de su formación básica educacional, definiría el derrotero de lo que fue una vida plena de retos y logros exitosos.      

Para culminar sus estudios secundarios de bachillerato, el entonces adolescente Jaime Jaramillo se trasladó en 1938 a Bogotá e ingresó a la Escuela Normal Superior, bajo la regencia del profesor José Francisco Socarrás y la mano educadora de María Eastman R. María en su tarea docente acostumbraba acoger a  sus alumnos con generosidad, les prestaba libros, les buscaba becas y los invitaba los fines de semana a tomar “onces” en su casa, para que hicieran uso de la extensa biblioteca de su esposo Gerardo Molina. Después de cada onces el alumno Jaime se destacaba entre sus compañeros, pues retrasaba la salida del grupo luego de indagar a su profesora sobre diferentes temas. Siempre salía cargado de libros prestados y podría verse entre otros ejemplares, los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana” de José Carlos Mariátegui y textos clásicos de Marx y Engels. Justamente el periodo 1937-1951 se rotuló como “La época de oro de la Escuela Normal Superior de Colombia”.

María Eastman R.: Hija de Tomás Oziel Eastman L. y Paulina Romero nació en Supía, Caldas el 9 de diciembre de 1901. Se graduó como maestra con Diploma Superior en la Normal Antioqueña el 23 de noviembre de 1917 y se desempeñó como educadora y escritora. Fue nombrada con la máxima distinción para la época Inspectora General de Escuelas Públicas. En Bogotá se vincula a la Normal Superior Nacional, como profesora e investigadora donde hizo gran acopio de fichas psicotécnicas que sirvieron de base para la orientación de la educación escolar y normalista. En diciembre de 1934 contrae matrimonio con el entonces representante a la Cámara Gerardo Molina R. Una extensa producción literaria de prosa lírica, crónicas y cuentos, quedó dispersa en periódicos y revistas, entre otros se cuenta con la publicación de su libro de cuentos para niños “El conejo Viajero”

A María Eastman se le considera por lo tanto, pionera de la psicología experimental y precursora de la narrativa infantil en Colombia. Murió en Bogotá el 20 de septiembre de 1947 a la temprana edad de 46 años.

Gerardo Molina su esposo, expresaría: “María Eastman, dueña de un viva curiosidad intelectual, había heredado de su ilustre padre, el doctor Tomás O. Eastman, la disciplina inglesa, el rigor y el interés por la cultura. Por eso leyó ansiosamente cuanto le fue posible: novela, historia, poesía. La palabra escrita era la única manera de enriquecerse mentalmente. Le ayudó mucho en este propósito la relación personal con algunas figuras que en la Montaña daban la ley en el orden de la creación literaria. Mediante su puesto de educadora en la Escuela Juan del Corral, ella se familiarizó con los problemas de las niñas, entonces no había coeducación, de escasos recursos. Además, María acostumbraba definirse como “una mujer educada en la pobreza y en la lucha”, lo cual predisponía al esfuerzo duro y sostenido, a la austeridad y a la abnegación. Todo esto contribuyó a que despertara en ella lo que se llamó después la sensibilidad social y una marcada inclinación a la protesta.”

Como una muestra de su sentimiento literario María cantó el mestizaje de su raza cuando expresó  con orgullo y nostalgia:


Ha pasado frente a mi casa un indio ciego. Lo guía la india. Envueltos en sus mantas parecen vestigios de la edad de piedra. Si la inmovilidad los tocara, el grupo luciría bello en un paseo. Son dioses de una raza muerta; tienen la fisonomía triste de los vencidos. Va el ciego vacilante, y en su cara de estatua hay un quietismo que da angustia; los músculos flácidos, se abandonan cansados. Sangre de mis antepasados, que corres ahora por las venas del indio ciego. Hace ya tiempo que dormitas, no enciendes nuestros cuerpos relajados por costumbres extrañas. Cómo eras bella en aquellos que vivieron en las selvas, libres de todo yugo, señores de la montaña, tiranos del agua, cazadores de fieras ¡El ensueño me trasporta! Ímpetus ancestrales me poseen; siento la atracción de los bosques, avizoro el chuscal; percibo el crujir de las matas al impulso de mi planta de india joven. Trepo al cerro y miro… llanura y más llanura hacia delante, atrás la cordillera y abajo el río. Soy el centro del paisaje, centro que palpita. Quisiera disgregarme en átomos y esparcirme en los vientos, colgarme de las ramas, estancarme en las charcas, envolverme en el polvo. Sangre de mis abuelos, me has hecho feliz un momento. Yo te saludo en el indio ciego que pasa vacilante. (Ha pasado un indio ciego)

Alfónso Gómez Echeverri
Armenia, 24 de noviembre de 2015

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