24 de julio de 2016

Me encontré en la vida con... César Hoyos Salazar

Por Gabriel Echeverry González. Miembro de la Academemia de Historia del Quindio. Armenia, 22 de mayo de 2016 

Desde la grama que rodea la facultad de Ciencias Humanas en la universidad Nacional de Colombia, recién ingresado al augusto templo del saber, un contertulio ocasional me dijo: Ahí va César Hoyos del Quindío. En efecto, caminando erguido y con grandes zancadas, iba César por los alrededores de la Facultad de Derecho.

Sus padres Floro Emilio Hoyos Gómez, nacido en Granada, Antioquia y la dama Teresa Salazar Tamayo, contrajeron matrimonio el 12 de enero de 1938, en Granada; después del nacimiento de la primera hija, Noralba, viajaron a Génova, Quindío, a principios de 1939, gracias al apoyo de un primo de Floro, Carlos Hoyos. En Génova nacieron Gonzalo, Teresita, Fabio y César (19 de febrero de 1944). En Armenia: Martha Lucía, Libia, Inés, Óscar, Luz Elena, María Teresa y Carmenza.

El estudiante
Uno de los aspectos más destacados de César Hoyos Salazar es su profunda y consistente formación estructural, cuando su familia se trasladó para la finca La Arboleda en Pueblo Tapao, en ese entonces, caserío. Alumno de las primeras letras de la maestra Alicia Molano. En Armenia cursó primero elemental en el Nuevo Gimnasio y segundo, tercero y cuarto en la escuela Olaya Herrera. Aquí me detengo para mencionar el importante influjo de su señora madre Teresita, normalista destacada en Antioquia, maravillosa guía de César, en la formación de sus conocimientos, en el saber y, sobre todo, en la cimentación de valores y principios.


Seminario Conciliar
Cursó desde quinto de primaria hasta tercero de bachillerato en el Seminario Conciliar, adquiriendo conocimientos sobre meditación, concentración mental, latín, raíces griegas, lectura, literatura, geografía e historia. Comenzó cuarto año de bachillerato en el colegio San José y a su vez una agitada vida de líder estudiantil y de impulsador de centros literarios que lo llevó a diferentes barrios de la ciudad. Por algunas circunstancias internas, hizo quinto en el Rufino bajo la égida del maestro Bernardo Ramírez Granada pero las directivas del San José lograron su regreso, donde finalmente se graduó bachiller académico. Algunos de sus compañeros: César Augusto Gómez Jaramillo, ex-alcalde de Armenia; Iván Aguirre Cuartas; Iván Zuluaga; John Jaramillo Ramírez, historiador; Alberto González; Luis Fernando Gutiérrez, entre otros. Fue comisionado a una reunión de líderes católicos en Chile, en 1962, como representante de los estudiantes de bachillerato.


En la U.
En 1963 comenzó sus estudios de derecho y ciencias políticas, terminando con los máximos honores de estudiante excelso, en 1967. Se graduó el 4 de mayo del 71. César era uno de los más connotados estudiantes de la facultad: representante de los estudiantes al consejo de la facultad, presidente de la asamblea de consejos estudiantiles, representante de los estudiantes al consejo superior y académico; miembro del comité ejecutivo de la Federación Universitaria de Estudiantes, para la época el organismo más importante de los estudiantes colombianos. En 1966, el rector José Félix Patiño, lo llamó para que fuera su asesor personal y posteriormente, en 1967, lo apoyó como funcionario de Incolda, dirigido en la época por Simón González, hijo del gran escritor Fernando González.

 
Secretario de Gobierno
El alcalde Alberto Gutiérrez Jaramillo lo invitó a su administración a partir de septiembre de 1968. En Armenia comenzó un período rutilante de ejercicio de la profesión y participación en la vida política al lado de Carlos Lleras y Jorge Arango Mejía, siendo dos veces concejal en las listas de Lleras y dos en las listas del Nuevo Liberalismo. Profesor de la universidad del Quindío y de La Gran Colombia y decano de la facultad de Derecho de la misma.


Iba con frecuencia a Santa Rosa de Cabal a visitar a su novia, después su esposa y admirable compañera, Elsa Marina, a quién rindo un testimonio de afecto y agradecimiento por su lealtad sin sombras con el gran César. Del matrimonio nacieron tres hijas: Carolina, abogada, un niño; Elsa Victoria, médica dermatóloga, con dos niñas y Juliana, abogada de la universidad Javeriana y estudios superiores en derecho público en la universidad de París, Sorbona y en universidad College de Londres.
 
Alcalde popular
En 1990, varias fuerzas políticas liberales lo escogieron como candidato a la alcaldía de Armenia; no la tenía fácil pues su contendor era nada menos que un ilustre hijo de Armenia, Álvaro Córdoba Nieto, pero a la postre triunfó y realizó una de las administraciones más recordadas, por el manejo impecable de sus tareas de gobierno y por la transparencia. Su discurso de posesión es una pieza oratoria que los amables lectores podrán leer en el blog de la Academia de Historia del Quindío (Discurso de posesión de César Hoyos Salazar como alcaldede Armenia), de igual manera los ocho principios de su administración.

 
Federación de Cafeteros
En mayo de 1993, el gerente general de la Federación Nacional de Cafeteros, lo llamó a la jefatura jurídica, cargo que desempeñó con gran solvencia, hasta el 5 de julio de 1995, fecha en la cual se posesionó como magistrado del Consejo de Estado. César llegó a esta alta dignidad después de varios intentos y postulaciones. Podría decir que es su época dorada.


Consejo de Estado.
Con la presencia del ilustre hijo de Génova en el alto tribunal, la región fue igualmente exaltada; Hoyos Salazar en sus ocho años de magistratura, dejó su impronta de gran jurista y gran ciudadano, en la sala de consulta y servicio civil, que presidió en cuatro oportunidades, con un aporte documental y jurisprudencial de altísimo valor jurídico. En 1999 fue presidente del Consejo de Estado y en esa calidad, representó a Colombia en la celebración de los 200 años del Consejo de Estado Francés y en innumerables actos públicos.


Fiel a su febril actividad personal, el maestro César, una vez cumplió su ciclo en el Consejo de Estado, fue por diez años árbitro de la Cámara de Comercio de Bogotá, con notable éxito y atendió delicados asuntos jurídicos.

En los últimos años regresó a su tierra y desde los corredores de su bella finca en Buenavista otea en el horizonte los bellos paisajes de un edén magnífico, o en La Aldea, cerca de Circasia, se solaza con su esposa, con sus hijas y sus nietos, en la hermosa casona donde nacieron sus bellas niñas, hoy destacadas profesionales.

Estas páginas son apenas un pincelazo afectivo y amable de uno de los personajes que la vida me ha permitido conocer, un quindiano integral cuyo periplo vital es un ejemplo de dignidad, coraje y caballerosidad; un ser humano maravilloso, sencillo, elemental, sin ínfulas, dotado de una inteligencia agudísima y, desde luego, portador de una gracia contagiosa que ha lucido siempre. Un ser humano especial.

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