El Tesoro Quimbaya en la fría Bogotá de 1891

 Bogotá se aprestaba a recibir la colección de orfebrería indígena más famosa de la época, el Tesoro Quimbaya, gracias a las noticias difundidas por la prensa que, durante todo el mes de noviembre de 1890, había dedicado especial interés por las antigüedades.

No existía un ambiente académico alrededor de aquellas piezas pues, al contrario, se comerciaban y se veía en ellas un valor monetario, ya que su existencia se equiparaba a la explotación minera.

A finales del siglo XIX, eran muchos los coleccionistas y académicos que atesoraban los hallazgos arqueológicos y abundaban en el contexto los reportes sobre hechos sobresalientes.  En su trabajo de grado de 2003, Carmen Cecilia Muñoz Burbano menciona, como ejemplo, tres casos bien particulares que alcanzan a proyectar cómo era el ambiente de mercadeo en aquella época y que habían sido publicados en el periódico EL TELEGRAMA en sus ediciones consecutivas.   En el primer reporte se refiere a un comerciante y guaquero de Cundinamarca; en el segundo y tercero a las falsificaciones indígenas que también se vendían y que nos recuerdan la famosa Cerámica Alzate, vasijas no originales de la región de Antioquia:

 “Pero tal vez uno de los más notables era Tomás Aldana, de él tenemos varias referencias que indican que estaba dedicado a la guaquería y su comercialización: los petos que fueron expuestos en Chicago y que posteriormente terminaron en Italia como presente al Papa León XIII, los adquirió el gobierno colombiano a este comerciante”.

“TUNJOS.  El señor Tomás Aldana encontró en unos terrenos al noroeste del departamento varios objetos de oro del tiempo de los chibchas.  Consisten en cuatro grandes petos o corazas con repujados que representan objetos simbólicos; en la parte superior tienen la cubierta de una guacamaya y alrededor va un delicado cordón de filigrana.  Otro de los objetos es una careta también de oro.  Estos primorosos objetos son de mucha importancia, pues son los primeros de su clase y tamaño que se han encontrado en esta región.   Parecen adornos y no armas de defensa”.

“ OBJETOS INDÍGENAS: un caballero antioqueño radicado en esta capital, nos informa que el individuo de quien hablamos en otra ocasión como que había venido a vender objetos de oro falsificados, extraídos de guacas o santuarios de los aborígenes, huyó de Bogotá apenas lo denunciamos, no sin que hubiera logrado engañar a alguna otra persona de Honda”.

“ALERTA. Se nos informa que algunas personas andan ofreciendo en esta ciudad, tunjos que se dicen extraídos del territorio de los Quimbayas.  Parece que no sólo no son auténticos sino que hay sospechas que sean de cobre dorado.  Se calcula que, por lo bajo, ofrecen unas treinta libras”.

Dos personajes aparecen en la palestra bogotana para pasar a la historia como parte inicial de aquella difusión que se daba frente al hallazgo fabuloso de Filandia.

Uno de ellos se llamaba Gonzalo Ramos Ruíz, quien fue el primero que le dio la denominación a esa colección como “Tesoro de los Quimbayas”.  El otro era un historiador famoso que tenía vínculos con el gobierno, llamado Vicente Restrepo y de quien se esperaba entregara mayores datos sobre el hallazgo, pues él accedió a los documentos de primera fuente, que nunca devolvió.

Ramos fue uno de los más poderosos coleccionistas de objetos arqueológicos.  Con uno de sus hermanos era dueño de terrenos del sur del Cauca y que vendió al gobierno en 1892.  Se supo que, en su colección arqueológica, que luego heredó su hijo Alfredo Ramos Urdaneta, se encontraban piezas valiosas como “cuatro estatuas en piedra procedentes de Aguadulce (Panamá), que tienen el mismo carácter y estilo de las de San Agustín”.

Vicente Restrepo era especialista en minas, escribió el famoso libro “Estudio sobre las minas de oro y plata de Colombia” en 1888.  Con su hermano Pastor tuvo una casa de fundición en Medellín, ocupó importantes posiciones en el gobierno, fue Ministro de Relaciones Exteriores del presidente Holguín e hizo parte de las Comisiones de las Exposiciones del IV Centenario del descubrimiento de América en Madrid y Chicago. Con su hijo Ernesto clasificó y catalogó los objetos de Tesoro Quimbaya para el envío a Madrid en 1892.

Lo cierto es que Ramos, los Restrepo y otros coleccionistas, desde Filandia en octubre de 1890 y durante los primeros meses de 1891 en Bogotá, compraron y cumplieron papeles importantes en la exhibición y comercio del Tesoro Quimbaya.  Esto se realizó junto con Carlo Vedovelli, que seguía ofertando internacionalmente el Tesoro en el lugar donde se exhibía en la capital.

Lo señalado por Ramos Ruíz es la descripción realizada a los conjuntos e individualidad de las piezas del Tesoro Quimbaya y se convirtió en la más completa relación de ellas, desde el punto de vista estilístico, lo que también permitía su fácil identificación.   Restrepo era, como Ramos Ruíz, un agente más para la comercialización de las piezas en la fría Bogotá.  No se podía esperar más de ellos y además no existían condiciones para exhibición o tenencia oficial, porque tampoco el Museo Nacional ofrecía aquellas características.

Ramos Ruíz divide las piezas en 12 grupos, que describe admirablemente, lo cual hizo cuando las observó en Manizales, un poco después de publicado el catálogo de venta de Carlo Vedovelli, lo que se publicó en EL CORREO NACIONAL el 6 de diciembre de 1890.

En el grupo 1 menciona “seis preciosas figuras humanas de distinto y gran tamaño”, refiriéndose a los poporos.  En el grupo 2 menciona “seis cascos semiesféricos, primorosamente pulidos y repujados”.  En el grupo 3 incluye “tres elegantísimos vasos o urnas en forma de sencillo capitel invertido, cada cual con su correspondiente tapa”, lo que indica que también alude a los poporos.  Los restantes grupos tienen que ver con el resto de recipientes, alfileres para el poporo, objetos pequeños, collares y flautas.

Las piezas del Tesoro Quimbaya llegaron a Bogotá en diciembre de 1890 a la casa de quien parece ser su comprador en Manizales, otro comerciante llamado Juan Pablo Jaramillo Lalinde.

Así se reportó la llegada del Tesoro Quimbaya a esa ciudad, y su posterior exhibición, en los diarios capitalinos:

LA CAPITAL, No. 17, 12 de diciembre de 1890.  “ORO EN GRAN CANTIDAD.  Llegó a Bogotá el gran tesoro encontrado en una guaca de indios en el distrito de Finlandia. Por dos jóvenes antioqueños, el cual constituye una gran cantidad de oro de subido precio, tanto por su calidad como por su mérito intrínseco e histórico.  Tuvimos el gusto de ver este tesoro en casa del señor don Juan Pablo Jaramillo.  Está formado de preciosas figuras humanas de delicado trabajo, varios cascos, argollas, vasos, collares y trompetas, cintillos y muchos objetos y figuras de ídolos, propios de los usos y costumbres de la famosa Nación de los indios Quimbayas. La exposición de estos objetos en Londres o en París sería de gran novedad en el mundo de las antigüedades y objeto de dignos estudios y encantos”.

EL HERALDO, no 85, 11 de marzo de 1891.  “EXHIBICIÓN.  En la casa 18 número 482 de la 2ª Calle Real se está exhibiendo el valioso y artístico tesoro encontrado en Finlandia (Cauca), y que consiste en notables objetos de oro y cerámica. Recomendamos a los amantes de estas curiosidades una visita a esta exhibición antes de que los señores partan para el exterior.  Se exhibe todos los días de 12 a las 4 p.m.”

Fue realmente en el tercer mes de 1891 cuando ocurre algo trascendental y coyuntural para el futuro de dicha colección.  Dicho hecho fue aprovechado por el gobierno colombiano, encabezado por Carlos Holguín Mallarino para justificar más adelante la donación de las piezas a España.  Se trataba del laudo arbitral que la Reina Regente María Cristina de Habsburgo emitió exactamente el 14 de marzo a favor de Colombia en un litigio de límites con Venezuela.

Nota: Próxima entrega:  El Tesoro Quimbaya y su proceso de compra

Por: Jorge Hernán Velásquez Restrepo y Roberto Restrepo Ramírez.
Miembros de Número de la  Academia de Historia del Quindío



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