El terremoto que azotó la región del Eje Cafetero de Colombia, en enero de 1999, afectó los bienes culturales arqueológicos representados en colecciones de cerámica particulares y oficiales. Se fracturaron por el movimiento sísmico, pero más que todo por una ausencia de rigor museográfico que las sometía a inadecuada exhibición en anaqueles que no contaban con la debida protección. Igualmente, el patrimonio arqueológico se vio expuesto a saqueos, ya que las estructuras funerarias prehispánicas sobresalían en los desfondamientos de terrenos causados por el sismo. Y otras eran objeto de hallazgos fortuitos en la remoción de tierras que comenzó meses después del evento telúrico, en pleno proceso de reconstrucción física y social. Se iniciaba, mientras tanto, una nueva etapa de guaquería, práctica insana ésta que ha permitido las expoliación y exportación ilegal de muchos bienes arqueológicos.
El Comité de Protección Arqueológica, creado en 1982 por una Ordenanza del departamento del Quindío, debió reforzar su trabajo de vigilancia e inspección en muchos predios que comenzaban a ser adecuados para la construcción de nuevas viviendas. Pero también desarrolló jornadas de sensibilización en colegios del departamento. En el año 2001, hace 25 años, el Comité hizo presencia en el municipio de La Tebaida, educando a los estudiantes sobre la existencia de un petroglifo, el más visible e importante hasta ese momento en el departamento del Quindío. Se trataba de la "Piedra del Indio”, que finalmente desapareció en 2010 por una borrasca del río Espejo, que lo cubrió por completo.
En una de las escuelas del municipio un estudiante de básica primaria escuchaba atentamente la conferencia del arqueólogo. Terminada la disertación abordó al profesional y le comentó que todos los días él pasaba cerca de una piedra que también tenía grabados, como los que había acabado de ver en las filminas que se proyectaban a los estudiantes, con relación a la "Piedra del Indio". Comentaba que él recorría todos los días un sendero al bordo de una quebrada y que veía, escondidos por el musgo en una gran piedra, varias figuras similares a las que había apreciado en su salón de clases.
Al conocer su existencia se conformó un reconocimiento del sitio en el que estuvieron presentes dos arqueólogos a los que el Comité invitó y finalmente viajaron desde Bogotá. Ellos eran Erik Poveda e Ivonne Guerrero, quienes a la postre realizaron el respectivo registro del yacimiento arqueológico.
Y no fue la única acción desplegada. Días después del registro, los arqueólogos realizaron un taller participativo llamado "Descripción y clasificación de piezas cerámicas para el montaje de piezas cerámicas inerante", en el municipio de Armenia.
El petroglifo se encuentra cerca de la desaparecida "Piedra del Indio" y presenta condiciones muy favorables para su visita, por parte de turistas. Ya que está a menos de un kilómetro de la carretera principal que une a La Tebaida con un retén de la policía de carreteras. Irónicamente este hecho, el de poder ser visitado con frecuencia, lo ha colocado en permanente vulnerabilidad.
En el petroglifo se perciben diseños de características zoomorfas, muy parecidos a los que presentan otras evidencias del país. En el momento de su registro este yacimiento fue nombrado como la "Piedra de la Familia", respetando la reseña de toponimia descriptiva que su descubridor le señaló.
Es común colocarles nombres relacionados con el entorno, o con rasgos de su iconografía, a los petroglifos encontrados. Y, en este caso particular, el niño que nos condujo el sábado siguiente hasta el sitio boscoso, fue el actor principal para la asignación del nombre.
Al preguntársele, él con mucha inocencia nos comentó:
"... allí se ven tres animalitos, tres iguanas, eso quiere decir que es la familia..."
Meses después de este hecho importante para la arqueología quindiana, y para el registro de arte rupestre del país, ocurrió un hecho lamentable. Nos comentaron que el niño había sufrido un accidente, pasando la carretera principal que comunica a La Tebaida con el municipio de Zarzal, y como lo hacía todos los días, de ida y regreso, para asistir a sus estudios.
El arqueólogo Poveda, ya en el sitio, procedió a hacer un frottage de la piedra. Esto consiste en colocar una tela blanca sobre la superficie y luego frotar con papel carbón. Antes de ello se le había realizado, con cepillo de cerda blanda, una limpieza al petroglifo.
Los datos consignados en la ficha de registro de este petroglifo son los siguientes:
"Está ubicado en la vereda La Herradura, finca Jamaica. El área donde se encuentra es de vegetación arbustiva, cercana a un área cultivada con café y asociada con otros cultivos como plátano, yuca y frutales. La piedra se encuentra en la zona más baja de una pendiente de colina, cerca a una pequeña quebrada. El tipo de piedra es arenisca y los motivos que ella presenta son tres figuras zoomorfas que corresponden a salamandras, localizadas en la parte central de la roca. Su técnica de elaboración fue por abrasión y percusión" ( Poveda ,Erik, Guerrero, Ivonne. Registro de colecciones arqueológicas. Arte rupestre. 2001)
En el registro, se leyó otra observación:
"..el estado de conservación de los dibujos era bueno, teniendo en cuenta lo expuesta que se encuentra la roca y la afectación por microflora".
25 años después de este hallazgo maravilloso, el petroglifo sigue en real peligro de ser vandalizado. No es la primera vez que él está en riesgo. Año y medio después de su descubrimiento y registro, los trazos del petroglifo sufrieron desgaste debido a que eran sometidos a una limpieza indebida de su superficie pétrea con utilización de cepillo de cerda dura. Esto, porque una agencia turística promovía su visita y enviaba previamente a un funcionario para hacer la limpieza.
Los trazos de los petroglifos son muy delicados y podrían desaparecer por estas acciones indebidas. Lo que protegió la naturaleza durante cientos de años puede ser modificado en poco tiempo por la intervención humana, generalmente de personas que no son profesionales de la arqueología.
Roberto Restrepo Ramírez
Miembro de Número Academia de Historia del Quindío

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