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Jaime Lopera, un intelectual que salió ileso de la política

Entrevista al Presidente de la Academia de Historia del Quindío publicada por el Diario La Crónica del Quindío el 14 de diciembre de 2013

Es un respetado intelectual calarqueño. Hace doce años regresó al Quindío luego de una prolongada ausencia.

Fue compañero de García Márquez en una agencia de noticias. Además, militó en las filas del MRL. Admirador de Nabokov y Barnes, dedica hoy su tiempo a la lectura y la escritura.

¿A qué se debe que sea considerado por los estudiosos del tema, unos de los pioneros de la ficción breve en la literatura?
Esa distinción tan especial como pionero se la debo a Umberto Senegal quien descubrió en mi libro de cuentos cortos de 1967, La Perorata, una aproximación a un género breve que apenas despuntaba por los mismos años del boom latinoamericano, aunque sus antecedentes franceses, Marcel Schwob y norteamericanos, James Thurber, ya eran conocidos. 


Desde entonces me defino como un escritor corto de cien metros planos porque las maratones largas me superan y fatigan. Desde luego que debo reconocer mis influencias de Borges, de Juan José Arreola y de Augusto Monterroso, con quien tuve la ocasión de dialogar largamente en la revista Pluma, en Bogotá, durante una breve visita que hizo a Colombia hace unos veinte años. Fue mi inspiración desde aquel momento.


¿Qué otro género literario ha sido su intención?
He dedicado tiempo al ensayo social y literario. 
Mi texto reciente Postigos es una aproximación a este género como testimonio del pensamiento contemporáneo; mi libro sobre el lado humano del conflicto, publicado por Intermedio, es un contacto con la discrepancia y la diferencia como fuentes de energía positiva orientadas a permitir formas de convivencia de la gente. 


Tengo un par de novelas en el asador, pero temo que se me están quemando por sobrecocinadas. Pero me deleito con la literatura, leerla, escribirla de vez en cuando, para no perder de vista que lo peor en la vida es traicionar a su duende, como decía Borges, y ese es el mío.


Su nombre está asociado a una exitosa saga de libros dedicada a la superación personal y al emprendimiento empresarial. ¿Qué razones lo llevaron a iniciar dicha actividad editorial, en aparente menoscabo de su trabajo literario?
Con mi esposa vimos un formato didáctico para la divulgación de las nociones morales: la compilación de parábolas y fábulas como una manera pedagógica de comunicación con la gente, sin sermones ni consejos. 


Paradójicamente como nuestros lectores son gente sencilla, y las historias son fáciles de asimilar, la calificación de libros de autoayuda es rechazada por muchas personas que al parecer ya tienen asegurado el cielo. Como los ‘parabolistas’ no tienen reseñadores mejor nos definimos como compiladores, que solo es una destreza en el criterio de elección entre una o más historias. 

A continuación escribimos unos libros propios sobre liderazgo, sobre motivación, sobre trabajo en equipo y sobre el conflicto, libros con mucha investigación y aportes personales que se leen en las universidades y en las empresas. Este año ha visto la luz el último, La culpa es de la vaca para desmotivados, con abundante bibliografía, con el cual pretendemos insistir y señalar que la motivación es el corazón de las relaciones interpersonales, desde la familia hasta el trabajo.


¿A qué se refiere cuando dice que la autoayuda es desatendida en las reseñas?
Hemos intentado algunas conjeturas. La primera de ellas dice que los libros llamados de autoayuda suelen tener mala prensa por parte de los ‘eggsheads’, o críticos de dedo parado, quienes subestiman las lecturas populares. Como esta explicación es débil habría que imaginar que para ellos eso no es literatura.


Una segunda suposición proviene de la estructura: en el caso nuestro, una compilación de historias de índole moral sugiere un procedimiento en apariencia muy facilista desde el punto de vista de la creatividad literaria con independencia de los abundantes reconocimientos bibliográficos y de pie de página que siempre damos. 

Por fortuna esta presunción se agota con los innumerables vendedores piratas de las esquinas que atienden a la creciente demanda.


Como preside la Academia de Historia del Quindío, ¿cuál es el mayor desafío del departamento a poco tiempo del aniversario cincuenta de vida administrativa?
Hemos publicado tres volúmenes de ensayos históricos, hemos recibido distinciones por nuestro esfuerzo de examinar las razones de la identidad quindiana y ahora tenemos un blog que ha recibido, en menos de treinta días, más de tres mil visitantes. La Academia ya tiene cuerpo propio, aunque vivamos en el aire porque oficina aún no tenemos. 


Desde luego que el desafío mayor será redactar la historia del Quindío en su cincuentenario. Estamos trabajando lentamente en ello. 

El fotógrafo Orlando Quiceno nos está preparando la historia gráfica de cada uno de las administraciones departamentales y este será un documento perdurable. Como si fuera poco, Comfenalco, gracias a su director, ya abrió un lugar de consultas que se llama la Biblioteca de la Academia de Historia del Quindío, un espacio en la carrera 15 disponible para los estudiantes, los investigadores, visitantes y turistas. Estamos muy agradecidos de esta alianza cultural con dicha entidad de la región.


En varios espacios informales, ha expuesto la teoría de la pecera sucia. ¿Cuáles son las reflexiones del ensayo que escribe al respecto?
Es un ensayo político donde prevengo a los primíparos sobre ciertas costumbres insensatas que suelen vinculase con la política activa para sobrevivir en el medio electoral. Una persona que sale de la pecera limpia de su hogar y se sumerge en una pecera enturbiada con las mañas del clientelismo y el contratismo, después no puede salir ileso salvo que tenga un carácter a prueba de balas. 


Si una familia se contamina por aquellas artimañas, la sociedad toda va legitimando la politiquería sucia como una forma de enriquecimiento y ascenso social. Ahí voy.

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