Debemos recuperar el nombre de “Andes del Quindío” para nuestra cordillera.

 

La hoy mal llamada “Cordillera Central de Colombia” se conocía desde el siglo XVII como “Andes de Quindío”, “Montañas de Quindío”, “Cordillera del Quindío” y “Sierra Nevada del Quindío”. En el Diccionario histórico-geográfico de la América Meridional del sacerdote jesuita Giandomenico Coleti (Venecia, 1771), se lee: “Quindío (Chindii Montes): montañas altas y quebradas en la Provincia de Popayán, que deben atravesarse para ir a Anserma y otros lugares. El camino es impracticable en el invierno, y aún en el verano es difícil y peligroso. El clima es muy frío”[1]. 

A raíz de la “pequeña edad de hielo” que se presentó en el planeta entre 1550 y 1850, nuestra cordillera tenía una mayor presencia de áreas nevadas, por lo que Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland en 1801 se refirieron a ella como la “Cordillera Nevada del Quindío” o “Montañas nevadas del Quindío”[2]. Gasphar Theodore Mollien, a su vez, en 1823, mencionó “las montañas cubiertas de nieve que forman el Quindío”[3]. El Cabildo de Ibagué le remitió al Virrey José Solís Folch de Cardona, Duque de Montellano, un mensaje con estas palabras: “... en esta miserable ciudad solo se mantiene de los sugetos (sic) que transitan una montaña que llaman Quindío, la que resulta su traspaso a las provincias del Chocó camino sumamente brevísimo para aquellas Provincias...”[4][4]. Por su parte, en 1808 Francisco José de Caldas publicó en el Semanario del Nuevo Reyno de Granada una nota a raíz de la muerte de José Celestino Mutis, en la que indicó que había tenido como centro de actividades en Mariquita, “situada esta ciudad al pie de los Andes de Quindío”[5]. José María Espinosa, en 1813, también mencionó la “Montaña de Quindío”[6][6]. Y finalmente, Charles Saffray se refirió a la región así: “Altas montañas cuyo conjunto se designa con el nombre de Quindío”[7].

En síntesis, Eliseo Reclús (1830-1905) hizo esta descripción que se explica por sí sola: “La rama central de los Andes colombianos está netamente limitada por el curso de los ríos gemelos, el Magdalena y el Cauca; a menudo se le da el nombre de Cordillera del Quindío, por el de su famoso boquerón que se halla en la mitad de su trayecto. Es de las aristas colombianas que ofrece más acabado aspecto de una cordillera regular desprovista de macizos laterales: también ostenta las cumbres más altivas y alpestres del país”[8][1]. 

A la palma de cera del Quindío se le colocó el epíteto específico quindiuense, precisamente por las abundantes poblaciones silvestres con las que los científicos se toparon de esta planta en Toche y Tochecito, en el hoy departamento del Tolima, por cuanto que toda la región se denominaba Andes de Quindío.

El vocablo Quindío aparece originalmente escrito sin tilde y en ciertos casos con terminación en u, “Quindiu”. Inclusive en algunos eventos la copiaban con acento agudo, “Quindiú”[9]. Según Humboldt[10], la palabra Andes proviene de la dicción “Antis, de Anta, cobre en la lengua quichua”; y el vocablo Quindío, por su parte, está relacionado con los Quindos, uno de los grupos indígenas que habitaron en la zona antes del etnocidio español[11].

A pesar de haber la solicitud formal al Instituto Geográfico Agustín Codazzi, no logramos respuesta en qué momento se varió el nombre de Andes de Quindío por el de Cordillera Central. Nuestra propuesta ha sido que retomemos ese bello nombre que además reivindica a uno de los grupos étnicos aborígenes contra los cuales los europeos cometieron el genocidio que todos conocemos.

Además hay un argumento científico ya irrefutable: está comprobada la formación de una nueva cordillera desde la isla Gorgona a la Serranía del Baudó y a la Serranía del Darién[12], con lo cual quedarían cuatro cordilleras y no podría haber una central, por lo que tendríamos que regresar necesariamente al bello nombre original “Andes de Quindío” para nuestra cadena montañosa.

Nota: Artículo publicado en El Quindiano el 24 de agosto de 2020

Alberto Gómez Mejía

Presidente Jardín Botánico del Quindío



[1] Giandomenico Coletti SJ, Diccionario histórico-geográfico de la América Meridional (Bogotá: Talleres Gráficos del Banco de la República, 1980), Tomo segundo, M-Z, 320.

[2] Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland, Ideas para una Geografía de las plantas más un cuadro de la naturaleza de los países tropicales (Bogotá: Litografía Arco, 1985), 7, 36 y 41.

[3] Gasphar Theodore Mollien, Viaje por Colombia (Bogotá, Imp. Nacional, 1944), 234. Esto significa que las nieves ocupaban un área mayor que la que actualmente tienen; los glaciares han retrocedido considerablemente en la región, entre otras razones por el calentamiento climático del planeta; incluso el llamado Nevado del Quindío perdió la nieve desde el decenio de los setenta.

[4] Citado por Francisco U. Zuluaga «Por la montaña del Quindío», en Caminos Reales de Colombia. Ed. por Pilar Moreno de Ángel y José Orlando Melo. (Bogotá: Fondo FEN Colombia, 1995), 166.

[5] A. Federico Gredilla, Director del Jardín Botánico de Madrid, Biografía de José Celestino Mutis (Bogotá: Plaza y Janés, 1982), 269.

[6] José María Espinosa, Memorias de un abanderado (Bogotá: Cromos, 1931), 73.

[7] Charles Saffray, Viaje a la Nueva Granada (Bogotá: Ministerio de Educación, 1948), 278.

[8] Eliseo Reclús. Colombia (Bogotá: Biblioteca Schering Corporation USA, 1965), 36.

[9] Alexander von Humboldt, Viaje a las regiones equinocciales del nuevo continente. Libros 5 y 6 y apéndice, t. III, trad. Lisandro Alvarado (Caracas: Biblioteca Venezolana de Cultura - Escuela Técnica Industrial, 1941), 160. Alcide D’Orbigny, Viaje pintoresco a las dos Américas, Asia y África (Barcelona: Imprenta Olivares, 1842), 80). Finalmente, el botánico Aimé G. Bonpland también utilizó la denominación “Quindiu”, como puede leerse, por ejemplo, en la carta que le envió a José Celestino Mutis desde Popayán el 27 de junio de 1802. (Citado por Gredilla, Biografía…, 217).

[10] Humboldt y Bonpland Ideas…, 82.

[11] Piedad Gutiérrez, historiadora, en conversación con el autor, 1995.

[12] Libros de la Colección Ecológica del Banco de Occidente: Sierras y Serranías de Colombia (1999). Acceso el 13 de junio de 2019. http://www.imeditores.com/banocc/sierras/cap10.htm. También en Juan Manuel Díaz y Luz Ángela Silva, Región Andina de Colombia (Palermo, España: Artes Gráficas, 2018), 66.

 

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