9 de agosto de 2015

Las estructuras líticas arqueológicas del Quindío y su historial

Hallazgo lítico arqueológico en Santa Rosa (Risaralda). Foto
de RCN
Por Roberto Restrepo Ramírez - Miembro de la Academia de Historia del Quindío.

Un hallazgo arqueológico reciente en la vereda Balcones (predio La Bananera) del municipio de Santa Rosa de Cabal revive la polémica sobre las reales condiciones del patrimonio cultural de culturas desaparecidas en territorio del eje cafetero. Lo que se ha descubierto corresponde a estructuras líticas antiguas, que popularmente son conocidas en esta región como “tumbas de cancel”. Lo cierto es que el desconocimiento sobre estos yacimientos, el hecho que haya aparecido en medio de acciones no científicas (guaquería) y que fuera encontrada en las excavaciones de la terraza donde se instalará la torre 61 del proyecto de Torres de alta tensión de la EEB, pone en peligro la permanencia de esta evidencia y, sobretodo, la garantía de investigaciones futuras del sitio en mención por parte de los arqueólogos.

En el Quindío hay un vasto historial de hallazgos de estas estructuras, cuyo significado simbólico es muy interesante, pues puede corresponder a monumentos funerarios o estar relacionadas con los ciclos de orientación solar. Llama la atención que todas están dispuestas en posición oriente-occidente y son muy similares a las que se encuentran en otras regiones de Colombia, como el Parque Arqueológico de San Agustín o las estribaciones del Parque Tayrona.

La primera reseña escrita sobre ellas se obtuvo en el libro “Inmigrantes extranjeros en el desarrollo del Quindío” (Hincapié, 1999),  que cuenta sobre la ubicación de algunas en las laderas del cerro Morrogacho de Salento, de acuerdo con avistamiento realizado por integrantes del Comité de Protección Arqueológica del Quindío en 1982. Estas estructuras fueron objeto de reconocimiento arqueológico en el año 2000, por parte de profesionales del Centro de Investigaciones Sociales Antonio Nariño (CISAN).

Luego del terremoto de 1999 se reportaron algunas en el patio de una casa en el sector del barrio Montevideo Central de Armenia. En el año 2000 aparecieron otras en predios oficiales de la reconstrucción en el municipio de Quimbaya, donde hoy se levanta la Ciudadela. En este año también  se reportó el avistamiento de diez estructuras líticas, a 3600 metros de altura, en el páramo del Chilí en Pijao. En el año 2001 se detectaron alrededor de veinticinco en el sector del barrio La Fachada de Armenia, y se constató que otra  había sido alterada por los constructores de la obra en el sector La Luisa de la ciudadela educativa de Circasia, así como la destrucción de dos más en la entrada al barrio Génesis de Armenia.

La permanencia de estas estructuras, en algunos casos está garantizada porque no se encuentra asociado a ellas material cerámico o de oro. Pero en la mayoría de veces está relacionada con su desaparición. Las únicas que se conservan relativamente bien son las del barrio Montevideo Central  porque, como caso único en Colombia, hace dieciséis años son cuidadas por los dueños del predio, aunque están a expensas de su alteración si llegare a cambiar de propietario el lugar. Las ubicadas en la Ciudadela Educativa de Quimbaya (catorce en total) fueron objeto de restauración en años pasados, utilizando fondos de los impuestos de telefonía celular, con tan mala suerte que su efecto de preservación fue negativo, lo que obligó a cubrirlas nuevamente con tierra.

Con el ánimo de un espíritu divulgativo, el Museo del Oro Quimbaya y la Gobernación del Quindío trasladaron las piedras de algunas estructuras líticas encontradas en las veredas Portugalito de Armenia y sector del Divino Niño de La Virginia (Calarcá) a instalaciones de estas entidades, donde los visitantes las pueden apreciar. Sin embargo, a pesar de las acciones tendientes a su cuidado, muchas  han desaparecido o han sido destruidas. No es suficiente la sensibilización realizada entre los funcionarios y con la misma ciudadanía, para aprovecharlas como material didáctico sobre las culturas antiguas de esta región.

Es urgente que el instituto rector de las excavaciones arqueológicas en Colombia (Instituto Colombiano de Antropología e Historia, ICANH) se preocupe por su estudio, así como se ocupó de la intervención realizada en el municipio de Cajamarca por el arqueólogo Héctor Salgado, y donde se obtuvo una fecha en el sitio Cóncega, datada entre los siglos VIII y V antes de Cristo. Constituye ello la única referencia para determinar las fechas relativas sobre estas evidencias.

También se ha promovido la instalación de “museos de sitio” en muchas lugares del Quindío donde se han encontrado estas piedras trasladadas por los antiguos pobladores, aunque se desatendieron las recomendaciones, tal cual ocurrió antes de la construcción del mirador Colina Iluminada de Filandia, donde se alteró y se destruyó un gran testimonio lítico que correspondía a esta tipología.

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