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Me encontré en la vida con...
Jaime Jaramillo Uribe

Gabriel Echeverri González - Miembro de la Academia de Historia del Quindío.
Publicado en La Crónica del Quindío el 1 y 8 de mayo y de 2016

PRIMERA PARTE:

En la vida existen momentos existenciales decisivos. En mi caso, el ingreso antes de cumplir los 18 años, a la facultad de Filosofía y Humanidades de la universidad Nacional de Colombia, precedido de un afán literario expresado en diferentes centros culturales en Armenia, en la lectura dispersa y en mi interés por las ciencias sociales y la filosofía, en particular. 

Del Rufino pasamos muy pocos en 1968 a la universidad Nacional, pero  tres de los más amigos viajamos cargados de ideales, sin cinco en el bolsillo. Fue con mi amigo de infancia Jairo Cardona Giraldo que llegamos  a Bogotá y partir de ese momento un periplo que recuerdo con   viva emoción, en la capital del país.


Me encontré en la  vida con...  Jaime Jaramillo Uribe (parte final)
En la U. Nacional
La facultad funcionaba en la entrada por la calle 26, cerca del museo de arte contemporáneo. El museo ya no está y la Facultad después de un tiempo en que funcionó en otro lugar de la Ciudad Blanca, volvió a su vieja casona, una hermosa edificación de tres pisos con oficinas, salones, la  biblioteca especializada, integrada más tarde, en 1971, a la gran biblioteca Central.


Instalación adecuada para un grupo pequeño de profesores y estudiantes. En la recepción a los estudiantes primíparos, presidida por las directivas y un grupo de profesores, sobresalía el maestro Jaime Jaramillo Uribe.
Recuerdo ese ágape con especial nostalgia, la presencia de la gran mayoría de profesores, casi todos fallecidos: Francisco Posada Díaz, Jaime Vélez Sáenz, Rafael Carrillo Gámez, Ramón Pérez Mantilla, y entre los que aún viven, Rubén Sierra, Víctor Florián, Chantal Mouffe, Víctor Álvarez y Jorge Orlando Melo. Entre mis condiscípulos es menester mencionar a Tomás González quien con el tiempo se convirtió en el gran escritor que es hoy,  pero solo permaneció en la facultad dos años.
Algo similar ocurrió con Juan Gustavo Cobo Borda, famoso ya como gran intelectual y escritor.

Asistente de Jaime Jaramillo
El maestro Jaramillo me pidió que lo visitara en su oficina y partir de ese momento gocé de su consejo y ayuda permanente, primero como su asistente en investigaciones de archivo, después como monitor del departamento de historia y, en fin, como testigo en muchos sucesos de su actividad como historiador, y en su vida personal, por muchos años. Jaramillo Uribe había nacido en Abejorral el 22 de agosto de 1917  y pereció en Bogotá el 25 de octubre de 2015.

Con motivo de su desaparición escribí una nota biográfica en la página de la Academia de Historia del Quindío bajo el título Jaime Jaramillo Uribe: Una obra, una vida; de igual manera, allí mismo, una nota del profesor Rueda Enciso.
En esta semblanza destacaré  más sus aspectos personales y algunos rasgos de su gran personalidad, que hicieron posible su formación académica rigurosa,  la producción de su excelente obra y la consolidación como uno de los grandes historiadores y humanistas de Colombia.

Su infancia
Su infancia transcurrió en Pereira y algunas otras ciudades del Gran Caldas, donde hizo sus estudios primarios y se vio en la necesidad de trabajar como monaguillo, entre otros oficios que combinaba con sus tareas escolares.

Desde niño era un buen lector y acrecentó su curiosidad intelectual cuando entró a la Escuela Normal Superior en la ciudad de Bogotá, para la época, institución dirigida por el eminente José Francisco Socarrás, quien escribió su famosa columna Por la salud mental, en El Tiempo, hasta muy avanzada edad. 

En la escuela
En la escuela se puede decir que se definió la vocación y la misión de Jaramillo, por el contacto con grandes maestros extranjeros y por el impulso a la necesidad de transformar el estudio de las ciencias sociales en Colombia.

Un grupo de eminentes científicos sociales fueron vinculados por el presidente Eduardo Santos, entre ellos: Paul Rivet, Gerhard Mazur, Ernest Guhl, geógrafo alemán; Pablo Vila, José de Recasens, Urbano González de la Calle y Rudolf Hommes (padre del conocido economista y exministro).

Estudios superiores
Gracias a sus buenos resultados académicos, el maestro fue becado, en 1947,  para estudiar en la Escuela de Altos Estudios de París, circunstancia que aprovechó para asistir a cursos en la Escuela de Estudios Políticos (Sciences Po) y en la Sorbona. La vida me permitió a mi también, años después, asistir a cursos especiales en dicho instituto parisino.


Abogado de la Libre
A su regreso se graduó como abogado de la universidad Libre y comenzó su actividad  como profesor e investigador en el Instituto de Filosofía y Letras de la universidad Nacional, llamado por el notable pensador colombiano Cayetano Betancur, en 1952.

Al año siguiente, con su esposa la antropóloga Yolanda Mora, viajó a Hamburgo como profesor visitante. Allí comenzó a escribir su obra monumental  El pensamiento colombiano en el siglo XIX, que logró terminar en 1964 y publicar gracias al interés de editorial Temis.
Es de lejos su obra más importante, infaltable en una bibliografía básica de historia colombiana.

En Hamburgo nació su hijo Lorenzo, a quien me quiero referir más adelante. 





SEGUNDA PARTE.

Su trabajo intelectual y administrativo en la universidad Nacional fue muy destacado, además de Decano fue secretario General de la universidad, entre 1958 y 1960, fundador del Departamento de Historia, adscrito a la facultad de Ciencias Humanas y fundador y director del Anuario de Historia Social y de la Cultura. Alrededor del Anuario y del Departamento de Historia, se forjó lo que se ha llamado La nueva Historia, liderada por Jaramillo, con la mayoría de sus discípulos: Jorge Orlando Melo, Germán Colmenares, Hermes Tovar, Jorge Palacios Preciado, Víctor Álvarez, Margarita González Paciotti. En ese grupo, con un buen trabajo histórico podríamos incluir a Álvaro Tirado Mejía y Mario Arrubla, que no fueron directamente alumnos del maestro.
En 1959 nació su hija Rosario, quien después de una excelente formación humanística, se decidió por el arte dramático y la actuación teatral que realiza con gran solvencia.
Fue un período de su vida esplendoroso porque a través del Anuario y del Departamento circulaba  un mundo de producción bibliográfico vigoroso de renovación histórica y, fuera de sus escritos y de los libros que siguió publicando como  Entre la historia y la filosofía, Ensayos de historia social colombiana, o Historia de la pedagogía como historia de la cultura, y otros;  sus propios alumnos comenzaron a expandir sus ensayos.
Este momento de la investigación histórica es decisivo, gracias a este magnífico esfuerzo que después se multiplicó hasta nuestros días.

Historia de Pereira
Debo destacar la elaboración de la historia de la ciudad de su infancia, escrita en compañía del notable antropólogo e historiador Luis Duque Gómez y del inmenso investigador y estudioso del indigenismo, Juan Friede Alter, historiador de origen hebreo colombo-ucraniano. Publicada en 1963 por el Club Rotario.

Duque Gómez era un personaje brillante que alcanzó a ser rector de la universidad Nacional y presidente de la Academia Colombiana de Historia y Friede Alter, quizás uno de los más grandes historiadores sobre asuntos indígenas. Vivió primero en Manizales y por la necesidad de sus investigaciones, habitó por años en Isnos y se constituyó en protector de San Agustín. Ante una inquietud de Jaime Lopera, debo decir que no eran Friede y Jaramillo muy cercanos,  si había mutuo respeto por sus trabajos, e, inclusive, Jaramillo escribió una bella nota en Lecturas Dominicales del Tiempo, en 1987, que denominó: “ Semblanza de Juan Friede, pionero moderno del indigenismo”.
En 1967 viaja a Estados Unidos, con el fin de residir por un año en la universidad de Vandelbilt, como profesor visitante.

Universidad de los Andes
En 1970 termina su ciclo laboral con la universidad Nacional es y nombrado  decano de la facultad de Filosofía y Letras, en reemplazo del filósofo colombiano Danilo Cruz Vélez. Allí el maestro impulsa los estudios básicos de filosofía, sin descuidar las ciencias sociales. En 1975  culmina esta misión  y es trasladado al Centro de Estudios económicos, como investigador y profesor de seminarios, con algunos intervalos.

El primero de ellos, como profesor visitante de ST Antony´s  College Oxford, en el Reino Unido,   experiencia que realizó con toda su familia, concluyendo un período en los Archivos  generales de Indias, en Sevilla
A su regreso a los Andes, el presidente López Michelsen lo nombró embajador de Colombia en Alemania, en 1977. Por su amistad con López y con su canciller Indalecio Liévano, Jaramillo aceptó por un año tan altísimo honor. No obstante, a su regreso volvió a sus tareas habituales, otra vez, en 1979 es llamado a dirigir el Centro Regional para el Fomento del libro (Cerlac).
Pero Jaramillo Uribe volvía con prontitud a su quehacer porque se distinguió a lo largo de su vida, por una vocación de estudio y lectura constante. Con el tiempo especializó sus hondos saberes sobre filosofía, ciencias sociales, historia, economía, literatura y ciencia política. Sus obras y múltiples conferencias y seminarios fueron el resultado de un estudioso de todas las horas, con una disciplina espartana que practicó siempre.
Otros rasgos de su impactante personalidad fueron su humildad, perseverancia y amabilidad permanente. Siempre estaba solícito  para sus alumnos o estudiantes de otras áreas. Un gran Maestro en el mejor sentido de la palabra.

Sus memorias
Uno de sus mejores libros, sin duda, es Mis memorias intelectuales que editó la editorial Taurus y la universidad de los Andes. Maravilloso repaso a su obra histórica y a sus ensayos, en el cual Jaramillo expone con su bella y elegante prosa, un periplo existencial de gran colombiano y gran americano.


Reconocimientos.
Tanto Colombia  como las universidades reconocieron su valiosa trayectoria de gran humanista: Cruz de Boyacá en el más alto grado; doctorados Honoris Causa, premios a su vida y a su obra, reconocimientos extranjeros y toda clase de  homenajes; todo eso le alegraba, pero nunca le hacía perder el rumbo de su misión como historiador; nunca se ufanó, más bien quiso tener un bajo perfil, sin publicidad y aspavientos.


Los dolores del alma.
La muerte en plena juventud del gran pintor Lorenzo Jaramillo, el 21 de febrero de 1992, su hijo amado, lo sumió en un dolor infinito que aquietó, por un tiempo, su pluma. Lorenzo era de una brillantez excepcional. Educado en el colegio Andino de Bogotá, por su conocimiento del alemán;  dominó el francés, inglés, y con el tiempo, ruso, mandarín y estudiaba japonés. Alumno de Juan  Antonio Roda, conocido pintor, adquirió gracias a sus estudios posteriores en Londres y París, un renombre de pintor moderno.

En 2005  murió su compañera inseparable y gran dama, antropóloga Yolanda Mora, cuya falta acrecentó el dolor que le produjo la muerte del hijo.
Me haría interminable si expusiera en estas notas tantas y variadas circunstancias que viví al lado del maestro. Este es un testimonio de gratitud y admiración a uno de los más grandes colombianos de todos los tiempos, que dedicó a su vida al saber histórico, a la enseñanza y a dejar miles de escritos sobre la idea de la nueva historia. Casi hasta el final de sus días asistía con regularidad a la universidad y repasaba lecturas en su apartamento de Bogotá. Murió  tranquilo y sereno, consciente de su labor en bien del país.
En mi casa permanece en un sitio especial, su retrato, al lado de la foto de mi padre. Así será pues fue desde el primer día que lo conocí, una tea encendida de saber y humanismo e, igual que mi padre, un verdadero maestro, hasta el final de mis días.

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